sábado, julio 25

Cruzando la línea imaginaria

Cuando aterrizaba el avión en el aeródromo El Loa, gratamente vi a través de la ventanilla, como el verde, sí el verde, ha avanzado ganándole la batalla al desierto. Ese desierto que me cobijó por un año y medio. Pensé en lo fácil que sería reconocer a la persona que me esperaba, hasta que me doy cuenta que en el norte chileno, peruano o boliviano es casi lo mismo, todos bajitos y morenitos.

Recojo mi maleta, leo mi nombre en un cartel, saludo y sigo al señor camino a nuestra Land Cruiser con patente boliviana, recorremos la circunvalación calameña, trato de recordar todo o cuan cambiado está después de casi dos años. Sorpresa!! Han terminado el paso nivel, de seguro es la obra más eterna del MOP.

Sentado miraba fijo por la ventana, en mi cabeza palabras decían, ahí está el San Pedro y San Pablo, no logro recordar como se llama el pequeño volcán a los pies del San Pedro, de seguro Pamela lo recuerda, pienso. Más al sur está el Putana, a lo lejos veo el Licancabur.

Pasamos por la Estación San Pedro, recuerdo la entrevista de la única habitante, que contaba que lavaba la ropa los días de lluvia, ahora ella no necesita lavar. El camino nos lleva por el costado del Poruña, más adelante atravesamos los salares de Ascotán y Carcote, a lo lejos se ve Ollagüe nuestro pueblo fronterizo. Timbran mi pasaporte, ahora es el turno de pasar por la aduana de Bolivia.

Un policía flaquito recibe mi pasaporte y formulario, me pregunta por mi visa de trabajo (el cual lo llama de otra forma), miro al chofer, no hay forma de pasar como turista. Pienso que hasta acá llega mi viaje, algo me dice el policía en alusión a mi conciencia. Estúpidamente creo que me está pidiendo plata, que hago abro mi billetera y le doy? Si no es eso, la cagó y me gano la PLR a Ollagüe.

Finalmente me timbra el pasaporte, me cobra tres mil bolivianos, consulto el equivalente en pesos chilenos, son dos mil cien, eso vale el adhesivo que le ha pegado a mi formulario, vuelve a hablar de la conciencia, ahora si me queda claro, me pide plata, saco un billete de cinco mil. He comprado mi ingreso a Bolivia por sólo dos mil novecientos pesos. Me advierte que cuando salga debo hacerme el loco, de seguro deberé pagar algunos pesos para regresar a Chile.

Recordé a Raquel, en los inicios del reality, (poner voz de Raquel) los invito a atravesar esta línea imaginaria que nos trasladara a 1810, 1910 etc. Esa línea imaginaria cruce yo, aunque diferencias no encontré porque del lado chileno y boliviano el paisaje era igual.

Después de dos horas desde la aduana, ingresamos a faena, ahí estoy una hora conversando con el guardia esperando que alguien me vaya a recoger y así comenzar esta aventura.